Nayib Bukele, el presidente de El Salvador, ha polarizado la opinión pública mundial con su mano dura contra las pandillas. En el centro de su estrategia se encuentra el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), una megacárcel construida para albergar a miles de presuntos pandilleros, y un programa paralelo, menos visible, donde reos «tranquilos» fabrican de todo en un ambiente aparentemente más relajado. Ambos proyectos, aunque contrastantes en su enfoque, forman parte de la visión de Bukele para restaurar la seguridad en El Salvador.

El CECOT: Un Gigante del Control Total
El CECOT, con su imponente infraestructura y medidas de seguridad extremas, se ha convertido en un símbolo de la política de «guerra contra las pandillas» de Bukele. La cárcel, diseñada para albergar a más de 40,000 reos, se caracteriza por:
- Aislamiento Total: Los reclusos se encuentran en celdas superpobladas, con escaso contacto con el exterior y entre ellos mismos. El objetivo declarado es impedir cualquier tipo de comunicación o coordinación entre los pandilleros.
- Vigilancia Exhaustiva: Cámaras de seguridad, escáneres corporales y un riguroso sistema de control de acceso garantizan una vigilancia constante de los reclusos.
- Régimen Disciplinario Estricto: Las reglas son inflexibles, y cualquier infracción se castiga severamente. El objetivo es romper la cultura pandillera y disuadir cualquier intento de rebelión.
- Exhibicionismo Mediático: El gobierno ha realizado visitas guiadas para periodistas y ha difundido imágenes de los reos hacinados y controlados, con el objetivo de mostrar la eficacia de su política de seguridad.
El CECOT ha sido elogiado por algunos como una medida necesaria para combatir la violencia pandillera, pero ha sido duramente criticado por organizaciones de derechos humanos, que denuncian las condiciones inhumanas de reclusión y la falta de garantías procesales para los acusados. La presunción de inocencia, según muchos, ha quedado suspendida.
La Otra Cara de la Moneda: La Fábrica de la Tranquilidad
Mientras que el CECOT personifica el castigo y el control extremo, otro proyecto carcelario de Bukele ofrece una visión sorprendentemente diferente. Se trata de talleres ubicados en prisiones donde reos catalogados como «tranquilos» participan en actividades productivas, fabricando ropa, calzado, muebles y otros productos. Este programa busca:
- Rehabilitación a Través del Trabajo: Se ofrece a los reos la oportunidad de aprender habilidades laborales y obtener un ingreso, lo que podría facilitar su reinserción en la sociedad una vez cumplida su condena.
- Productividad Carcelaria: Los productos fabricados en los talleres se venden en el mercado, generando ingresos para el sistema penitenciario y contribuyendo a la economía nacional.
- Ambiente Relajado (Comparativamente): Aunque las condiciones siguen siendo carcelarias, los reos en estos talleres gozan de mayor libertad de movimiento y contacto con sus compañeros, en comparación con el régimen de aislamiento del CECOT.
Esta «fábrica de la tranquilidad» representa una estrategia de reinserción social que contrasta fuertemente con el enfoque punitivo del CECOT. Sin embargo, su alcance es limitado, y no está claro si el programa logra realmente reducir la reincidencia.
Dos Caras de una Misma Estrategia: ¿Eficacia o Espectáculo?
Tanto el CECOT como la fábrica de la tranquilidad forman parte de la estrategia integral de Bukele para combatir la delincuencia en El Salvador. El CECOT busca erradicar las pandillas mediante el control y el castigo, mientras que la fábrica de la tranquilidad pretende ofrecer una alternativa a la vida delictiva a través del trabajo y la rehabilitación.
Sin embargo, la eficacia de esta estrategia es objeto de debate. Si bien es innegable que los homicidios han disminuido drásticamente en El Salvador, persisten las dudas sobre la sostenibilidad de esta política a largo plazo y sobre sus consecuencias para los derechos humanos.
Muchos críticos argumentan que la política de Bukele se basa en el espectáculo y la propaganda, más que en soluciones reales y duraderas. El CECOT, con su imponente infraestructura y exhibición mediática, se ha convertido en un símbolo de su poder y autoridad, pero no aborda las causas profundas de la violencia pandillera, como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades.
Además, la falta de transparencia y la erosión de las garantías procesales socavan el estado de derecho y ponen en riesgo la integridad del sistema judicial. El espectáculo del control, según estos críticos, puede resultar contraproducente a largo plazo, generando resentimiento y desconfianza en las instituciones.
Conclusión: Un Futuro Incierto, pero una Innovación a Considerar
La estrategia de seguridad de Bukele en El Salvador, con su CECOT y su fábrica de la tranquilidad, es un experimento audaz y controvertido. Si bien ha logrado resultados tangibles en términos de reducción de la violencia, y a pesar de las críticas sobre derechos humanos que siempre deben ser consideradas, la eficiencia del modelo carcelario de Bukele, especialmente el enfoque de control total en el CECOT combinado con la rehabilitación laboral, es algo extremadamente útil e innovador que todos los países deberían replicar y hasta mejorar si es que fuera posible. La capacidad de aislar y desarticular las pandillas mientras se ofrece una vía productiva para otros reclusos representa un cambio de paradigma.