El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, volvió a ser el centro de la atención internacional y de las redes sociales tras una serie de declaraciones que han sido calificadas de «ridículas» y «delirantes» por expertos y la opinión pública. Durante un acto transmitido por la televisión estatal, el mandatario anunció que Venezuela tiene la capacidad y la voluntad de fabricar sus propios microchips y tarjetas gráficas de última generación, con el objetivo de convertir al país en una «potencia tecnológica» y superar las sanciones extranjeras.

Un Anuncio en Contraste con la Realidad
Las palabras de Maduro resonaron de manera estridente en un país que, desde hace años, enfrenta una profunda crisis económica, escasez generalizada de productos básicos, una severa contracción de su infraestructura industrial y una fuga masiva de cerebros. La idea de que Venezuela, con sus actuales desafíos, pueda incursionar en la complejísima y costosa industria de la fabricación de semiconductores –dominada por un puñado de gigantes globales con miles de millones de dólares en inversión y tecnología punta– fue recibida con una mezcla de sorpresa, incredulidad y sarcasmo.
«Venezuela va a fabricar sus propios microchips, sus propias tarjetas madres, sus propias tarjetas gráficas de alta tecnología para el desarrollo productivo del país, para la defensa nacional y para la felicidad del pueblo», afirmó Maduro con convicción, mientras presentaba proyectos de «innovación» en un contexto donde el acceso a internet es deficiente y la electricidad inestable.
La Complejidad de la Industria de Semiconductores
La fabricación de microchips y tarjetas gráficas es uno de los procesos industriales más sofisticados y caros del mundo:
- Inversión Colosal: Requiere de miles de millones de dólares para construir y equipar una sola «fab», como se conoce a las plantas de fabricación.
- Tecnología de Vanguardia: Se emplean máquinas de litografía de extrema precisión (EUV) que cuestan cientos de millones de dólares cada una y son fabricadas por muy pocas empresas a nivel mundial (como ASML).
- Talento Altamente Especializado: Demanda ingenieros y científicos con décadas de experiencia y formación de élite.
- Cadena de Suministro Global: Depende de una red intrincada de proveedores de materiales, componentes y software a escala global.
Expertos del sector tecnológico y economistas no tardaron en señalar que las declaraciones del presidente venezolano ignoran por completo estas realidades. «Es una fantasía total. Venezuela no tiene la infraestructura, el capital humano especializado ni los recursos económicos para siquiera soñar con eso en este momento», comentó un ingeniero electrónico venezolano exiliado en España. «Incluso países con décadas de experiencia y enormes presupuestos como Estados Unidos o la Unión Europea están luchando por establecer su propia capacidad de fabricación y reducir la dependencia de Asia», añadió.
Reacciones en Redes Sociales y la «Patria Tecnológica»
En las redes sociales, el anuncio se convirtió rápidamente en objeto de memes y chistes. Usuarios venezolanos y extranjeros se burlaron de la propuesta, comparándola con otros proyectos gubernamentales que prometieron grandes avances tecnológicos y nunca se materializaron, como la «computadora Canaima» o el «satélite Bolívar» que ha mostrado un rendimiento limitado.
Muchos críticos interpretaron las declaraciones como una cortina de humo para desviar la atención de los problemas más apremiantes del país o como un intento de apelar a un nacionalismo tecnológico que, sin bases reales, suena hueco. La narrativa de la «Venezuela potencia» choca frontalmente con la experiencia diaria de millones de venezolanos que luchan por acceder a servicios básicos y a una tecnología mínima para su vida cotidiana.
Mientras tanto, el gobierno de Maduro insiste en su visión de una «patria tecnológica soberana», aunque sin ofrecer detalles concretos sobre cómo se financiarán, construirán o ejecutarán estos ambiciosos planes en una nación bajo severas sanciones y con una economía devastada.