22 de enero de 2026

Cuando Meta lanzó Threads el 5 de julio de 2023, el mundo pensó que estaba frente al verdadero “asesino de Twitter”. La red social se presentó como una alternativa limpia, segura y “family friendly”, justo cuando Twitter —hoy X— atravesaba su etapa más caótica bajo la gestión de Elon Musk.
En solo 5 días, más de 100 millones de usuarios se registraron, superando récords de descargas e incluso adelantando a ChatGPT. Todo indicaba que Threads sería la nueva estrella de las plataformas sociales. Pero la historia tomó otro rumbo: en menos de un año, pasó de la promesa a convertirse en un cementerio digital lleno de spam, bots y desconfianza.


Un crecimiento rápido, pero vacío

El inicio fue explosivo: gracias a su integración con Instagram, abrir una cuenta era cuestión de segundos. Fotos, seguidores y biografía se sincronizaban automáticamente.
El problema es que crecer no significa funcionar. Threads salió al mercado incompleta: sin hashtags, sin trending topics, sin mensajes directos, sin versión web y con un feed no cronológico. Incluso borrar la cuenta de Threads implicaba perder la de Instagram, lo que generó molestia en miles de usuarios.

Lo único atractivo era el diseño limpio. Pero detrás de esa fachada, la comunidad se sentía sin alma. No había memes, ni tendencias, ni subculturas: solo un feed algorítmico plagado de influencers, marcas y bots. La mayoría de los nuevos usuarios entraba por curiosidad, deslizaba unos minutos y nunca más regresaba.


Estrategias desesperadas

Meta intentó mantener a la gente conectada con notificaciones engañosas como “Te extraño” o “Hay alguien hablando de ti”. Sin embargo, al entrar, el usuario encontraba lo mismo: nada nuevo. Peor aún, empezaron a surgir sugerencias turbias: publicaciones con morbo, cuentas sospechosas, contenido de riesgo y links dudosos que Meta insertaba directamente en los feeds de Instagram y Facebook para atraer tráfico a Threads.

Ese movimiento generó aún más desconfianza. La gente ya no solo veía a Threads como una red innecesaria, sino como un riesgo real para usuarios vulnerables.


El abandono

Mientras la comunidad pedía funciones básicas, Meta permanecía en silencio. Sin hashtags, sin cronología real, sin identidad, Threads comenzó a desplomarse.
Los datos lo confirmaron: de 49 millones de usuarios activos diarios pasó a menos de 10 millones en semanas, y el tiempo promedio en la app cayó de 21 minutos a apenas 3.

Meta trató de revivirla con actualizaciones tardías, pero la percepción ya estaba perdida. En el vacío, llegaron los peores actores: cuentas robando dinero, estafas con tarjetas, contenido inapropiado, bots y acoso. Lo que prometía ser el reemplazo de Twitter terminó siendo un espacio tóxico y sin cultura.


La gran lección

El fracaso de Threads deja un mensaje claro:
Una red social no sobrevive solo con diseño bonito o integración con otras plataformas. Necesita identidad, cultura y comunidad.
Twitter/X, con todo su caos, tiene historia y conversación real. Reddit, con sus problemas, mantiene su esencia comunitaria. Threads, en cambio, nunca supo lo que quería ser.

Hoy, en 2025, Threads técnicamente sigue existiendo. Pero lo hace como un fantasma digital: olvidada, vacía y convertida en un ejemplo de cómo incluso gigantes como Meta pueden fallar cuando olvidan lo más importante: la gente.

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